|
Entre las múltiples colaboraciones que se muestran en las páginas de esta
casi centenaria revista figuran, sobre todo, los artículos literarios, las crónicas
semanasanteras, los reportajes fotográficos, la actualidad cofrade,
la vida y quehaceres de la Agrupación... pero resulta del todo inusual, y
precisamente por ello saltan a la vista, dos pequeñas composiciones musicales
en los ejemplares de «La Saeta» de los años 1923 y 1926, respectivamente.
Lo primero que llama la atención es la propia nominación que reciben ambas obras:«La Saeta». Sin entrar en grandes consideraciones, estimamos que este título tiene que
ver sobre todo con la revista que acoge los opúsculos, pues salta a la vista que no se
trata de dos saetas en stricto senso, es decir, un palo flamenco, por tanto, cantado, sin
acompañamiento, cuya letra está relacionada con la Pasión del Señor y está destinada
a cantarse ante las imágenes en su devenir por la calle durante sus estaciones de penitencia,
por lo que se trata de un tipo de canto fuertemente devocional y confesional
y, por sus aires moriscos, se atisba entre los orígenes que los conversos fueran obligados
a cantarlas ante las imágenes para así atestiguar públicamente su conversión.
Tampoco tiene que ver con las saetas como pieza organística1 cultivada por el maestro
de capilla de la Catedral hispalense e inmortal autor del «Salve Madre», Eduardo Torres
y que podríamos considerar de pequeños poemas sinfónicos de inspiración castizamente
pasionista con giros melódicos y armónicos del más decidido andalucismo
turinesco, género que también fue cultivado por el vasco Tomás de Elduayen en términos
parecidos2. Estas composiciones reciben con propiedad el título de «saetas» por
cuanto en algún momento determinado de la obra aparece una sección que evoca o
sugiere más o menos entreveladamente dicho canto, tal y como ocurre, por ejemplo,
en la última de las secciones de la marcha procesional dedicada a la Dolorosa de San
Juan de la Palma Amarguras de Font de Anta, cuestión que se anticipa y se describe
en el texto que precede a la dicha composición: «óyense los comienzos de una saeta,
interrumpida por las campanas, saeta que queda sin terminar, como invitando
al pueblo para que la continúe (...)». Y mucho menos, está claro, que tendrá que ver
con las composiciones de capilla que obran en poder de la Hermandad del Silencio y
que se titulan de igual modo.
Creemos, por tanto, poder afirmar
como decíamos al principio, que el título
genérico «Saeta» que reciben las
dos composiciones que nos ocupan obedecen
a la dedicatoria, por parte de sus
autores, y sin que podamos saber si la
iniciativa partió de ellos mismos o de la
dirección de la revista, a la publicación
que las cobija.
En cuanto a los autores, uno de ellos
es el conocidísimo compositor linarense
afincado en Málaga Alberto Escámez,
que tantas marchas de cornetas y tambores
dedicadas a imágenes titulares de
nuestra Semana Santa y destinadas a interpretarse
por la Banda del Real Cuerpo
de Bomberos a partir de la década de los
años veinte compusiera3. Del otro compositor,
llamado José Morales, ha sido
imposible encontrar información alguna.
Su composición, a diferencia de la
de Escámez que incluye anotaciones en
cuanto a la instrumentación, es un simple
guión para piano, a pesar de que en
una de las secciones señale el ritmo a
seguir por los tambores. Por las dimensiones
y la misma textura de la composición
se notan diferencias que juegan
en su contra en comparación con la de
Escámez. No sabemos si tanto la de éste
como la de Morales fueron interpretadas
en algún momento, procesión o no, por
lo que no han corrido mejor suerte que
muchas de las composiciones de Escámez4,
que duermen aún el sueño de los
justos en el archivo de la Banda de los
Bomberos y por lo que desde aquí sugerimos
la idea de que cualquier ocasión
será buena para recuperar tanto aquéllas
como esta simpática parte, pequeña
pero entrañable, de nuestro patrimonio
musical procesionista de casi un siglo
antes de que conociera el esplendor del
que actualmente goza.
Antonio Tomás del Pino Romero
NOTAS
1. Boletín de las Cofradías de Sevilla nº 494,
Sevilla, 2000, p. 169
2. Así, por ejemplo, en el «Órgano Sacro Hispano» (Madrid, 1959) encontramos obras de este
autor con características muy similares a las mencionadas
en el caso de Torres y cuyos títulos son:«A la Virgen de la Esperanza», «A la Virgen de la
Soledad», «Al Señor de la Buena Muerte», «Al Cristo
de la Expiración», «A la Virgen de la Piedad» y «A la Virgen de la Palma». Casi todas ellas están fechadas
en 1938.
3. CARMONA RODRÍGUEZ, M., Un siglo de música
procesional en Sevilla y Andalucía, Sevilla,
2000, p. 268.
4. Ibídem.
|
|